El presidente de CACME y CEO de EMESA analiza el rol estratégico de la provincia en la reconfiguración energética argentina. Desde la consolidación de proyectos como El Quemado y el avance en almacenamiento de energía, hasta la búsqueda de mayor competitividad para atraer inversiones en infraestructura y fortalecer el desarrollo en el sector de Vaca Muerta.
Asumir la presidencia del CACME en este contexto de reconfiguración energética en Argentina es un paso inédito para un mendocino. ¿Cuál es el mensaje político y técnico que desea enviar desde esta posición y cómo espera que su gestión en el Consejo acelere la agenda de las provincias frente a la centralidad porteña?
Como presidente de CACME, mi objetivo es reafirmar el propósito de esta institución como el vínculo del sector energético regional con el WEC (Consejo Mundial de Energía). Buscamos trazar la hoja de ruta del sector e identificar acciones globales para adaptarlas a nuestra realidad, armonizando estrategias con todos los actores. Que CACME tenga hoy a alguien del interior permite reformular su estrategia hacia una visión más transversal, recuperando el valor de esta organización y fortaleciendo a las empresas de todas las provincias frente a la centralidad habitual.
El Parque Solar El Quemado se ha posicionado como el caso testigo del RIGI en el país. Tras esta experiencia, ¿cuáles son las principales fricciones que aún identifican entre la normativa nacional y la realidad operativa de los proyectos de inversión en el terreno mendocino?
El proyecto El Quemado es un hito al ser el primero del RIGI en aprobarse y ejecutarse. Aunque en un país con normalidad económica no siempre se requerirían estos incentivos, en el contexto estructural argentino son necesarios para atraer inversiones. Más allá de la normativa, la viabilidad de los proyectos solares depende críticamente de la infraestructura de despacho, por lo que el enfoque actual es maximizar la generación con la capacidad existente y demandar inversiones en el transporte central de alta tensión.
Usted ha sido enfático al señalar que el transporte de energía es el principal cuello de botella. ¿Es el modelo de asociación público-privada que aplica EMESA el vehículo suficiente para destrabar las inversiones en transporte de alta tensión, o necesitamos una reforma estructural más profunda en el mercado eléctrico mayorista?
El transporte de energía es el gran limitante. Para enfrentarlo, en Mendoza hemos avanzado con obras regionales clave como las estaciones transformadoras de Cruz de Piedra, Valle de Uco, Mendoza Norte y próximamente San Rafael-Alvear. Estas obras aportan seguridad eléctrica y capacidad de despacho, pero requieren ser complementadas con inversiones nacionales en el troncal de 500 kV para asegurar el crecimiento a largo plazo.
Más allá de la energía solar y los hidrocarburos tradicionales, ¿hacia dónde apunta hoy la hoja de ruta de EMESA en términos de innovación? ¿Estamos ante el momento definitivo para que Mendoza explore a fondo el potencial del hidrógeno verde o el almacenamiento en baterías a escala industrial?
EMESA ha sido fundamental en la diversificación: desde 2016 pasamos de 1.700 MW a 2.500 MW instalados, de los cuales 800 MW son solares. Actualmente, apostamos fuertemente al almacenamiento en baterías (BESS), una modalidad clave para estabilizar las fluctuaciones de la energía solar y permitir su despacho en horarios nocturnos.
Usted lideró la "Jornada de Compliance e Integridad" en EMESA. En un sector a veces cuestionado por la opacidad en la adjudicación de contratos, ¿cómo se construye una cultura de integridad dentro de una empresa estatal que, a la vez, debe ser competitiva y ágil para atraer capital privado?
La integridad es un eje de nuestra gestión. EMESA es la primera empresa estatal en certificar la norma ISO 37301 de integridad y cumplimiento. Esto nos permite garantizar procesos serios, transparentes y competitivos, con una visión internacional que trasciende los cambios institucionales o gubernamentales, dando seguridad al inversor privado.
Desde su visión en el World Energy Council, ¿cómo califica el posicionamiento de Mendoza frente a mercados globales que exigen cada vez más trazabilidad y certificaciones de bajas emisiones en los productos de exportación, especialmente considerando el peso de nuestra industria vitivinícola y agroexportadora?
Hoy, casi el 60% de la energía generada en Mendoza proviene de fuentes limpias. Esto posiciona a nuestra industria, incluyendo la vitivinícola y agroexportadora, con una ventaja competitiva clara. La eficiencia energética no solo reduce costos, sino que es un requisito de trazabilidad indispensable para competir en mercados internacionales.
Tras años de gestión técnica y política, si tuviera que elegir un solo indicador —económico, social o de capacidad instalada— que defina el éxito de una gestión al frente de una institución como Emesa ¿cuál sería y por qué?
Mi indicador de éxito es cada megavatio instalado y transportado. Generar mayor capacidad nos convierte en una provincia exportadora de energía, atrae nuevas industrias, garantiza servicios para el desarrollo regional y genera un efecto derrame positivo de empleo y trazabilidad en toda la cadena de valor.
Parte de Vaca Muerta se encuentra en el sur mendocino, pero el avance es lento. En palabras simples, ¿qué necesitamos cambiar hoy para que las petroleras elijan invertir más dinero acá y no solo en la provincia vecina?
El rol de Mendoza es incentivar activamente las inversiones en servicios e infraestructura. Necesitamos ser un destino atractivo y estratégico donde las operadoras encuentren las condiciones necesarias para potenciar la lengua de Vaca Muerta que nos corresponde, complementando así la gran escala de producción que ya ocurre en Neuquén.