Cae empleo privado, aunque algunas provincias crecen.
Un análisis reciente revela una marcada heterogeneidad en el mercado laboral argentino, donde el "efecto derrame" de los sectores más dinámicos es limitado y condicionado a factores estructurales. Si bien algunas provincias muestran crecimiento impulsado por actividades específicas, a nivel general predomina una caída del empleo privado.
El estudio, que compara el tercer trimestre de 2025 con el mismo período de 2023, revela una contracción promedio del 2,7% en el empleo privado registrado a nivel nacional. Este dato agregado esconde realidades dispares entre provincias. Neuquén lidera el crecimiento, gracias al auge de Vaca Muerta, seguida por Tucumán y Río Negro. En contraste, provincias dependientes de la obra pública y transferencias nacionales sufren fuertes caídas debido al ajuste fiscal.
La construcción, históricamente cíclica, es el sector de mayor variabilidad. La reducción de la inversión pública impactó directamente en el empleo de las provincias más dependientes de fondos nacionales. Sin embargo, este sector podría ser uno de los primeros en recuperarse ante un cambio en las condiciones macroeconómicas.
La mayoría de las provincias experimenta una caída en el empleo industrial, aunque existen excepciones notables. Neuquén y San Juan se benefician de la actividad minera, Tucumán del sector agropecuario y Río Negro de la industria. Jujuy y Formosa destacan por el crecimiento del empleo agropecuario. En contraposición, las provincias petroleras tradicionales (Chubut y Santa Cruz) pierden impulso.
El sector servicios muestra una tendencia contractiva generalizada, aunque con matices. Mientras que el empleo en comercio crece en la mitad de las provincias, en la otra mitad disminuye. En el resto de los servicios, la caída es predominante, con excepciones como Neuquén y mejoras en servicios profesionales en algunas provincias. Esta disparidad refleja diferencias en el poder adquisitivo y la estructura productiva de cada región.
El análisis destaca que los cambios en el empleo responden principalmente a factores económicos estructurales, más que a fluctuaciones coyunturales. Existe una creciente divergencia entre sectores transables (exportaciones y generación de divisas) y no transables (dependientes del mercado interno y del gasto público).
Los sectores ligados a recursos naturales (shale oil, minería y agro) muestran mayor capacidad para sostener o generar empleo, impulsados por inversiones y acceso a mercados externos. En contraste, la construcción y gran parte de los servicios dependen del ciclo macroeconómico local.
El "efecto derrame" no es automático. Para que los sectores dinámicos generen empleo en el resto de la economía, se requiere un entorno que favorezca los encadenamientos productivos. Sin estos factores, el crecimiento tiende a concentrarse en actividades específicas, con impactos limitados sobre el empleo total.