La empresa aclaró que la decisión no afecta la continuidad de sus operaciones en Argentina ni de la marca, aunque no aclaró desde dónde se abastecerá
Unilever confirmó esta semana el cierre definitivo de su planta deshidratadora de vegetales en Corralitos, Guaymallén, la única de su tipo en el mundo. La decisión, que forma parte de una reorganización global de la compañía, deja un sabor amargo en la boca de los mendocinos, especialmente en los productores locales y sus familias.
La fábrica, con 60 años de historia y un profundo arraigo en la comunidad, procesaba anualmente unas 15.000 toneladas de vegetales frescos, transformándolos en 3.200 toneladas de productos deshidratados, principalmente para las sopas y caldos Knorr. El 90% de esta producción se destinaba al mercado interno, mientras que el 10% restante se exportaba, llevando el sello mendocino a otras partes del mundo.
Uno de los aspectos más lamentables de este cierre es el destino incierto de los productores que, durante casi 30 años, trabajaron codo a codo con el INTA y Unilever para desarrollar variedades de hortalizas específicas para el proceso de deshidratación. Ahora, con la planta inoperable, se encuentran sin un comprador claro para su producción, lo que representa un duro golpe para la economía regional.
Si bien Unilever asegura que esta decisión no afecta la continuidad de sus operaciones en Argentina ni la marca Knorr, el cierre de la planta de Guaymallén marca el fin de un capítulo importante en la historia productiva de Mendoza. La provincia se enfrenta ahora al desafío de reubicar a los trabajadores afectados y buscar soluciones para los productores que apostaron por este proyecto. La pregunta que flota en el aire es: ¿qué futuro le espera a la cadena de proveedores que se construyó alrededor de esta fábrica icónica? La esperanza es que, a pesar de este golpe, Mendoza logre reinventarse y encontrar nuevas oportunidades para su desarrollo.