Entrevista exclusiva de Entorno Económico con el vicedecano de la Facultad de Ingeniería y director de la carrera en Informática de la Universidad de Mendoza. Analiza el impacto de la inteligencia artificial, el avance de los bots en internet y los desafíos del desarrollo tecnológico actual frente al uso y la adopción de estas herramientas en el ámbito académico.
Diego Navarro es docente e investigador y en esta charla nos deja un análisis profundo sobre cómo la tecnología redefine el conocimiento y cuáles son los límites éticos y pedagógicos que la academia debe marcar ante la irrupción de la inteligencia artificial.
Tomando en cuenta los datos de Cloudflare, que señalan que los bots representan actualmente el 56 % del tráfico web global —con picos que superan el 60 %—, ¿cómo se redefine la credibilidad de internet y de los medios cuando la mayor parte de las interacciones en la red ya no proviene de personas?
—No tengo acceso al informe de 6 de cada 10, pero todos los que tenemos infraestructura y servidores de internet visualizamos que cada vez te visitan más. La mayoría de las herramientas de los grandes modelos que usamos para chatear consultan la web para adquirir información. Es un amplificador de visitas. No me parece un número desatinado; probablemente haya aumentado. Cada vez menos gente navega en la web. Google cambió su buscador y ahora te atiende una IA, generando una controversia global porque podemos pensar que está matando a su propio negocio de pagar a la gente por visitar webs. Estamos ante un cambio de paradigma en la búsqueda de contenido, especialmente para los más jóvenes, que no conocen la web y buscan en herramientas de inteligencia artificial.
¿Cuáles son las herramientas actuales para lograr que la inteligencia artificial elija un sitio web por sobre otras fuentes, y qué rol sigue cumpliendo la web tradicional?
La web no va a desaparecer como catálogo; produce una confirmación de presencia digital frente a la suplantación de identidad. Por ejemplo, al contratar una cuenta en Meta para la Universidad de Mendoza, me piden la página web para verificar la historia digital. Los crawlers hacen lo mismo que el buscador de Google: extraen el contenido y lo indexan para que ChatGPT o Claude respondan a las preguntas. Las compañías de IA necesitan contexto y la web sigue siendo una vía económica y efectiva para ser una fuente válida. Esto ocurre cada vez más y será exponencial, ya que los usuarios utilizan sus propios agentes para buscar información en internet en cuestión de minutos.
Mencionaba recién el concepto de agentes y cómo la tecnología avanza hacia lo que se denomina la «agentificación». ¿Hacia dónde deriva esto y cómo impacta en las organizaciones y en el empleo?
La agentificación es el paso actual en la tecnología. La evolución comenzó con modelos que predicen la próxima palabra y producen inteligencia generativa. Hoy, la inteligencia artificial funciona como un nuevo sistema operativo: los modelos son la CPU, la memoria de contexto retiene lo hablado y el dispositivo de entrada es toda la internet. Los agentes son programas a los que se les asigna un objetivo para correr de forma autónoma en esta nueva computadora. Empezaremos a convivir con agentes útiles para tareas específicas, impulsados por las compañías que venden tokens e inteligencia.
¿Cómo se está aplicando esta tecnología de agentes de inteligencia artificial de manera práctica dentro de la Universidad de Mendoza, particularmente desde el área que usted dirige?
En la dirección de innovación (el Hub) resolvimos problemas como la atención a la oferta de posgrados y educación virtual. Hicimos pilotos creando agentes alimentados con el proyecto, profesores y contenidos de carreras específicas. Estos agentes responden inquietudes por WhatsApp y se conectan con campañas publicitarias para captar interesados e inscribirlos con ayuda del director de la carrera. Esto atendió la demanda de tres carreras, con éxito. Hemos construido una plataforma propia para crear agentes para distintas diplomaturas y cursos a partir de fuentes de documentación finitas y objetivos claros.
¿Qué postura y qué infraestructura ha desarrollado la Universidad de Mendoza frente a la inteligencia artificial, tanto para la gestión administrativa como en el plano académico?
La universidad busca una adopción ubicua de la inteligencia artificial en lo administrativo, lo académico y en beneficio de los alumnos. Construimos una infraestructura de inferencia local con un clúster de GPUs propias para tener soberanía y no depender de alquileres externos, lo cual es fundamental para enseñar lo que dominamos. En lo administrativo, automatizamos el análisis de currículums de investigadores para evaluadores externos. En lo académico, creamos un manifiesto y el Consejo de Gobernanza de Inteligencia Artificial. Nuestro rol es proteger las competencias fundamentales de los egresados —que un ingeniero o un médico sepan pensar y resolver por sí mismos— y enseñar a usar la IA mediante un marco basado en cuatro habilidades: saber qué delegar, discernir si el resultado es correcto, mantenerse diligente y asumir la responsabilidad. El plan contempla que el 60 % de una materia se apruebe sin IA y el 40 % restante se enfoque en su uso fluido y práctico dentro de cada disciplina.
En cuanto al rol de los estudiantes y la evaluación dentro de este nuevo paradigma, ¿cómo se aborda la transparencia en el uso de la inteligencia artificial y qué medidas toma la institución frente a esto?
La transparencia es fundamental: tanto alumnos como docentes deben declarar de forma abierta cuándo y cómo utilizaron la inteligencia artificial en un trabajo o presentación. Pedir al alumno que muestre el prompt utilizado permite evaluar si realmente desarrolló el pensamiento crítico o si solo copió el resultado del enunciado. Esto fomenta una adopción armónica donde se distingue qué tareas no se pueden delegar. La formación se vuelve invertida: se aprovecha la clase presencial para el intercambio genuino y las herramientas fuera de él para enriquecer el aprendizaje. En tiempos de inteligencia artificial hace falta más universidad, no menos.
¿Visualiza en un futuro la creación de asistentes virtuales específicos basados en IA para cada materia dentro de la universidad?
Sí, si tuviéramos capacidad de inferencia interna para toda la universidad, haríamos un agente para cada cátedra. En mi propia cátedra tomé libros, slides, exámenes y grabaciones de clases anteriores para crear un agente llamado Juan Diego, que responde consultas de los alumnos cuando no estoy disponible. Ese asistente no da la clase ni reemplaza la transmisión de competencias fundamentales, sino que potencia el tiempo presencial y hace el aprendizaje más significativo. Por supuesto, permitir que un alumno responda un examen directamente con el agente iría en contra de la protección de las competencias fundamentales.
¿Cree que de no haber ocurrido la pandemia el desarrollo de la tecnología habría sido tan veloz en estos últimos cinco años, o ya se preveía este nivel de aceleración?
Personalmente no lo veía, aunque al leer sobre el tema te das cuenta de que era muy posible. Se destrabó un problema: estas herramientas eran muy limitadas hasta hace pocos años porque no se había pensado en darles grandes volúmenes de información, ya que la infraestructura de cómputo era acotada. Dos o tres invenciones destrabaron esto y se vio que las leyes de escalado no tienen límite: a mayor volumen y entrenamiento, mayor precisión.
Hoy los modelos ofrecen más capacidad de la necesaria en términos de inteligencia. Los que tenemos corriendo en la arquitectura de la universidad equivalen a graduados universitarios en capacidad de análisis y producción, y los modelos más avanzados se ubican por encima de doctores en sus disciplinas, resolviendo problemas matemáticos irresolubles. Sin embargo, no hace falta un doctorado para responder preguntas básicas de una carrera; una persona bien entrenada lo resuelve. El impacto es grande porque se descubrió que al reingresar la salida de un modelo para hacerle razonar, la respuesta mejora.
La pandemia produjo un volumen digital de información nuevo. Al estar todo remoto, disciplinas no digitalizadas se transformaron en archivos. Por eso lo primero que hace bien la inteligencia artificial es programar, al ser una de las disciplinas más documentadas en archivos digitales. La pandemia generó un pico de demanda de software y esto lo destrabó, permitiendo que cualquier persona lo cree. Sin embargo, generar el programa no resuelve el problema por sí solo, porque los casos reales tienen muchas etapas que no se pueden automatizar. La pandemia generó un volumen masivo de información en redes y archivos que posibilitó todo lo que vino después.
¿Por qué las palabras "bot" o "robot" suele tener mala prensa y son percibidas por la sociedad como una amenaza?
Porque el nivel de amenaza es real y lo sentimos en todos los frentes. La mayor incertidumbre proviene de que la tecnología avanzó sustancialmente más rápido que la capacidad de regulación, control o adaptación.
El Papa León XIV —que eligió su nombre evocando a León XIII, el Papa de la Revolución Industrial— comprende el tiempo actual y ha escrito reflexiones sobre la necesidad de decidir qué cosas no vamos a hacer. En la Universidad de Mendoza no nos conviene automatizar todo con agentes porque atentaría contra la centralidad humana, un principio fijado en nuestro manifiesto.
Se deberían discutir nuevos derechos humanos, como plantean historiadores como Yuval Noah Harari. Hay cosas que un humano puede hacer y no importa si la IA las hace más rápido o más barato; cabe preguntarse si hace falta hacerlas con tecnología. El Papa plantea "desarmar la IA", decidiendo no hacer ciertas cosas de esa forma por más que se pueda.
Además, la automatización plantea desafíos legales y éticos. No hay un marco jurídico para dejar que una IA decida de punta a punta sin intervención humana. Debemos mantenernos cerca de los avances, estudiar constantemente y discernir qué adoptar y qué evaluar con cautela. Tener más inteligencia artificial no nos hace más inteligentes. Estudios de OpenAI muestran que la mayoría de la gente usa la IA para realizar tareas que no sabe hacer sin pedir ayuda, produciendo resultados mediocres sobre materias que no domina a fondo.
Frente al fenómeno de saturación de contenidos generados por IA y la proliferación de fake news, ¿cómo responde la experiencia educativa presencial en las universidades?
Esto va a durar lo que el paladar del receptor quiera. En la universidad vemos lo contrario: cada vez tenemos más alumnos que quieren venir a cursar presencialmente. El uso de la IA genera un cambio de paradigma, pero si la adopción no se dosifica en cada organización, produce caos y desorden.
Cuando le das IA a todos en una organización, al principio produce descontrol. En cambio, es muy potente cuando la agarra algún experto y la enfoca bien, porque produce un aumento en los resultados y eso es lo notable.